Sobre mí

Mi historia

De estudiar Derecho en plena pandemia a construir productos, mi propio flavor de Arch y un homelab. Así llegué hasta aquí.

Foto de Rossmel Abasto
Cochabamba, Bolivia · Remoto

Cómo empezó

A mediados de 2020, en plena pandemia, estudiaba Derecho en la Universidad Mayor de San Simón. Pasar mucho más tiempo frente a la computadora me llevó a curiosear el mundo de la tecnología, y un día, gracias a Platzi, descubrí la programación. Ahí supe cuál era mi verdadera vocación.

Desde entonces me tomé muy en serio el “Nunca pares de aprender” de Freddy Vega. Aprendí en Platzi y en YouTube: Programación ATS, midudev y muchos otros creadores fueron mis maestros. Tutoriales, mucho copy-paste al principio, y noches enteras leyendo un mismo error hasta entenderlo. En 2021 empecé Ingeniería de Sistemas en la UDABOL.

Linux, el otro gran descubrimiento

En esa misma época descubrí Linux, y fue otro mindblow: entender que el sistema operativo también se puede aprender, desarmar y armar a tu medida. Probé muchas distros, pero Arch siempre fue especial para mí: te obliga a entender cada pieza de tu sistema.

Hoy uso a diario rOS, mi propio flavor de Arch, que quiero convertir en una distro real, y mantengo un homelab en casa con una decena de servicios, cuidado por un agente de IA. Gran parte de lo que sé de servidores, redes y automatización lo aprendí rompiendo y arreglando mi propio sistema.

Del aprendizaje al trabajo

Con una buena base de desarrollo web entré a WANT Digital Agency en 2022. Empecé como pasante y terminé con contrato: más de tres años construyendo las interfaces web y móviles de productos para clientes de Bolivia y EE. UU., en un equipo de desarrollo de dos personas.

Casi todo ese tiempo programamos a mano. Recién en mi último año ahí incorporamos IA al trabajo, y llegar a ella con años de práctica encima hizo toda la diferencia.

La IA, como multiplicador

Con el boom fui probando de todo: GitHub Copilot, ChatGPT, Gemini, DeepSeek, Groq, modelos locales y, últimamente, Claude. Me potenció muchísimo, y como vengo de escribir todo a mano, entiendo lo que genera: sé leerlo, corregirlo y mantenerlo.

Sobre todo, me dio más ganas de seguir aprendiendo y de entender toda tecnología que llegue a mis manos.

Cubos de Rubik

Fuera de la pantalla, mis pasatiempos terminaron pareciéndose a cómo trabajo: obsesionarme con un problema, probar, fallar, mejorar y, si hace falta, rearmar todo desde cero. El mejor ejemplo son los cubos de Rubik.

Empecé a los 12 o 13 años con los tutoriales del canal de Cuby en YouTube, y hoy tengo entre 20 y 30 cubos distintos. Sigo practicando velocidad en rubik.rossmel.com, un timer que construí yo mismo: algoritmos, patrones y resolver algo pieza por pieza, igual que al programar.

Fútbol

De chico, el fútbol era mi otra pasión. Pasé por las divisiones menores del Club Wilstermann, hasta que la distancia, el tiempo y el colegio me hicieron dejarlo.

Ya no juego tan seguido, pero sigo la liga y el fútbol me gusta también desde otro lado: su historia y la táctica detrás de cada partido. Entender por qué un equipo gana no es tan distinto de entender por qué un sistema funciona.

Música y podcasts

La música fue un hilo constante: de chico escuchaba los clásicos de los 80 y 90 con mis papás y después pasé por una etapa de música electrónica, pero José Madero y PXNDX nunca dejaron de sonar. Hoy mis gustos son bastante abiertos.

Y cuando no es música, es un podcast: The Wild Project es, por lejos, el que más escucho — cientos de horas, según mi propio Spotify.

Hoy

Trabajo de forma independiente mientras termino la carrera: AdvAI, mi proyecto de grado; Link'u, para una comunidad de Sipe Sipe; SGPG, para mi universidad; y mis proyectos personales. La regla sigue siendo la misma de 2020: nunca parar de aprender.

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